Una Vuelta Más a la Estrategia y la Táctica: el Eterno Girar del Ying y el Yang.
¿Siquiera son diferentes?
Tuve que preparar una breve introducción sobre la diferencia entre estrategia y táctica para líderes académicos recientemente nombrados en puestos directivos. Recurrí a la inteligencia artificial para seguir el tenor de los tiempos. Las respuestas que recibí alcanzaron el típico nivel satisfactorio cuando preguntas a los chats sobre temas ampliamente analizados en internet. Una combinación de buena síntesis más algo de apoyo visual. Abajo incluyo un ejemplo.
Prompt: Dame una introducción para explicar la diferencia entre la estrategia y la táctica para líderes académicos recientemente nombrados a puestos directivos.
Fuente: Google Gemini
Así, la estrategia es correctamente identificada como referente a temas de largo plazo, donde se debe reflexionar sobre lo necesario para alcanzar las metas, pero también sobre si las metas mismas son apropiadas. En cambio, la táctica tiene que ser concreta, analizando los pasos para alcanzar las metas de la mejor manera posible. La buena táctica, entonces, se concentra en el corto plazo.
Hasta ahí un marco conceptual mínimo, una especie de molino sobre el cuál han pasado caudales de tinta buscando purificar su entendimiento. Y si todavía tienes dudas sobre la diferencia entre los conceptos, como lo tuvieron mis asesorados, no estás en la minoría.
En cambio, para avanzar mi propio entendimiento, el comentario más iluminador provino de un humano, Roger Martin, antiguo decano de la escuela de negocios de Toronto. En una explicación para el Harvard Business Review, Martin propone que la estrategia siempre está basada en una teoría: la teoría del valor que ofrece quien la persigue. Esto aplica tanto para empresas, organizaciones como individuos.
Implícito en el enunciado está la existencia de una segunda teoría: aquella que establece cuál es el problema que se está buscando resolver. En mis años dirigiendo equipos en instituciones complejas, y también asesorando líderes, me he dado cuenta de que los problemas más endiabladamente difíciles requieren una inversión razonable de tiempo para analizar críticamente cuál es el verdadero problema a resolver.
Entender la dualidad de teorías detrás de toda estrategia trae nueva claridad a la frontera difusa con la táctica. Porque las teorías tienen que ser complementadas con las experiencias. Las hipótesis contrastadas con datos. Los planes confrontados con la realidad. Y así sucesivamente…
Es fácil encontrar ejemplos de buenas teorías contundentemente refutadas por datos. También es fácil encontrar ejemplos de experiencia abundante que no genera conocimiento, porque se filtra mediante teorías mentales erróneas que no permiten extraer las lecciones correctas.
Entender la relación entre la estrategia y la táctica como una arena más de la confrontación entre las teorías y los datos nos permite también entender la dinámica tan humana de quienes toman partido entre ellas. Podemos desde ahora vislumbrar qué personalidades prefieren una actividad sobre la otra. Esto se ve en el contraste entre Eisenhower, el estratega introvertido, contra el extrovertido Patton, maestro táctico en la Segunda Gran Guerra.
Ambas personalidades son necesarias. Raramente se encuentran en la misma persona. Mientras esa dualidad persista, persiguiéndose como el ying y el yang, seguiremos desenvolviendo hojas explicando la diferencia entre la estrategia y la táctica.
Es de los temas que ganan mucho con un análisis dialéctico.
Mi estrategia es en cambio mucho más simple y más profunda...